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Intenciones

Muchas veces llegamos a pensar que nuestros pensamientos y nuestras intenciones son solo nuestras y de nadie más. Pero olvidamos que Dios conoce absolutamente todo de nosotros, algunos, inclusive, llegan a pensar que su secreto más profundo, Dios no lo conoce. ¿Recuerdan a José, el padre terrenal del Señor Jesús? Bueno, él tuvo una intención en el corazón que pondría en riesgo toda una profecía que Jehová Dios había dado hacía mucho tiempo y creyó que nadie sabía lo que iba a hacer. Mira lo que dice la Palabra:
"José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo" (Mateo 1:19-20 DHH). Imagino que cuando José supo que María, a quien desposaría después, estaba embarazada y que no había tenido intimidad con ella, pensó que lo engañaba y que ese hijo que esperaba no era suyo, pero dice la Palabra que él, siendo un hombre justo, la dejaría en secreto para no abochornarla en público. Pese a su 'buena intención', este no era el Plan de Dios, sino el suyo; por lo cual, el Señor envió un ángel que hablase con José para que no hiciera tal cosa. Hay dos aspectos que podemos aprender de este texto. Número uno, Dios conoce nuestro corazón. Nada que hagamos por tratar de ocultarle a Dios nuestros pensamientos tendrá éxito. Por ello, el Señor nos enseña lo siguiente: "sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23 RVR1960). Si hay un lugar en el que Dios desea habitar es en nuestro corazón, por eso nos exhorta a guardarlo, pues del corazón mana la vida. Esto quiere decir que si yo no lo guardo, la vida misma, que es Cristo Jesús (Juan 14:6 RVR1960), no está en mí.
Número dos, ¿por qué debo guardar tanto mi corazón?. Ahora bien, por qué Dios nos exhorta a guardar tanto nuestro corazón, sencillo, he aquí la respuesta: "porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias" (Mateo 15:19 LBLA). Es en nuestro corazón donde todos los pensamiento y las intenciones toman forma. En la antigüedad, para cometer adulterio era necesario llegar a consumirlo, pero con la vendida del Señor Jesús todo cambió. Y mira de qué manera, "cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón" (Mateo 5:28 RVR1960),  entonces, según Jesús, ¿dónde se dio el adulterio? En el corazón; por ello, Dios Padre desea que lo guardemos celosamente. José quizá pensó que esta intención que tenía era 'buena' y que si dejaba a María todo volvería a la normalidad. Lo que él desconocía era el Plan del Señor y el Su Propósito. Sé que tú también has tenido intenciones, pensamientos que han ido en contra del Plan  de Dios para tu vida. Solo quiero decirte que, nada de lo que pienses está exento de no ser revelado por Dios. Espero esta Palabra haya sido de gran bendición para ti. Dios te bendiga y te guarde siempre. Sé de bendición hoy, comparte este mensaje con otras personas.
Bajo la guía del Espíritu Santo,
Sergio Meza Padilla

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Mira lo que nos enseña la Palabra:
"Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos" (Esdras 7:10 RVR1960).
Esdras fue un sacerdote con un llamado especial de parte de Dios. Durante el reinado de Ciro, rey de Persia, el pueblo jud…

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La Palabra de hoy está en:
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Conozcamos el caso de un personaje del cual podremos aprender cosas bien importantes para nuestra vida. ¿Qué dice la Palabra de Dios? Vayamos a 1 Samuel 15:23-24 - RVR1960:
"Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la Palabra de Jehová, Él también te ha desechado para que no seas rey. Entonces Saúl dijo a Samuel: yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí…