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¿De dónde proviene nuestra fortaleza?

En nuestra vida, muchas veces, pensamos que depende de nosotros solamente poder hacer ciertas cosas. Creemos que con nuestras propias fuerzas podemos controlar e influir los resultados de las situaciones y/o adversidades; pero ciertamente muy equivocados estamos. Pareciera de obstinados el empeñarnos para que todo salga bien y cuanto más lo intentamos, más errores cometemos. Y empezamos a acumular error tras error y se convierte todo en una derrota, la cual deja siempre un amargo sinsabor al final.

He conocido historias de creyentes que intentaron en sus propias fuerzas ganar almas para el Señor. Insistían de tal manera que lo único que lograban era que esas almas se distanciaran más aún del Dios viviente del cual les estaban predicando. La verdad es que en nuestras propias fuerzas nada podremos hacer.

La Palabra del día de hoy se encuentra en:
Jueces 16: 28
Entonces clamó Sansón a Jehová y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí y fortaléceme, te ruego solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos.

Uno de los hombres más fuertes que caminó sobre esta tierra fue, ciertamente, Sansón. Y muchos aún creemos que su fuerza radicaba en sus cabellos. Pero puedo compartirte los pasajes donde está demostrado que cuando el Espíritu venía sobre él, era cuando él obtenía la fuerza para vencer, estos son los pasajes: 
Jueces 14: 6; Jueces 14: 19; Jueces 15: 14-15.

Hay dos puntos que quisiera compartir contigo en esta mañana, los cuales se desprenden de este corto pasaje:
Número uno, clamar y reconocer quién es Dios. El clamar es una voz que indica aflicción, según el Diccionario de la Real Academia. Es igualmente manifestar la necesidad de algo, es decir que cuando clamamos a Dios es porque reconocemos que tenemos necesidades y porque sabemos que sólo Él las puede suplir, ¿no es así? Reconocer quién es Dios es darle el lugar que se merece en nuestra vida, es dejarle actuar de acuerdo a Su voluntad y no a la nuestra.

Número dos, la fortaleza viene de Dios y no es con tus propias fuerzas. Cuando Sansón clama a Dios le dice que se acuerde él y ¿sabes por qué lo hace? Porque Sansón había reconocido que Dios se había apartado de él (Jueces 16:20). Pero en medio de sus desdicha y de su ataque, Sansón recordó en su espíritu que su fortaleza no venía de sus cabellos, sino de Dios. Y por ello, clamó por fortaleza y pudo lograr matar a más filisteos que en toda su vida (Jueces 16: 30). Probablemente pensaríamos que Sansón ya estaba totalmente derrotado, pero de su aparente derrota se levantó su mayor victoria.

Hoy amado quiero decirte que con tus fuerzas no vas a lograr absolutamente nada. Quizá te sientas derrotado, que el problema te quedó grande y que por más que intentaste, nada pudiste hacer. Debes clamar a Dios y reconocer Su grandeza, y pedirle que te dé las fuerzas necesarias para lograr vencer, para lograr conquistar, para levantarte en autoridad. Con tus fuerzas ya sabes cuál es el resultado de todo, pero en Dios los resultados siempre estarán a tu favor, porque en él eres más que un vencedor. Dios te bendiga y no olvides que de tu derrota se levantará tu mayor victoria.

Bajo la unción  del Espíritu Santo,

Sergio A. Meza Padilla

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